Una después de otra
Jorge Luis, mi marido, siempre me había estado
insistiendo en practicar un trío; la idea del todo no me desagradaba
pero en realidad me daba mucho miedo el siquiera pensarlo. Él
trataba de convencerme por todos los medios, me compraba cosas, me
traía películas pornográficas en donde se veía a dos chicas con un
hombre o a dos hombres con una chica, no voy a decir que esto no me
ponía caliente, todo lo contrario, cuando traía esas películas
terminábamos haciendo el amor alocadamente y a veces me sacaba
durante el acto alguna que otra confesión sobre si me gustaría
hacerlo o no. Por supuesto que siempre le decía que no y el no
insistía más.
No obstante Jorge Luis siguió insistiéndome en
que saldríamos de la rutina y cosas por ese estilo. Una de tantas
tardes Luis me llamó a casa desde su oficina para preguntarme si me
gustaría hacer un corto viaje de fin de semana hasta las bellas
playas de Cancún, Por supuesto que le dije que sí y entonces me
comenzó a explicar.
Mira gorda, lo que sucede es que vamos a
tener una reunión de negocios y pues como se trata de un negocio
familiar el jefe quiere ofrecer una buena imagen de sus
empleados.
¿Pero negocio de que?
Bueno, creo que el jefe se va a asociar con
una escuela de computo allá.
¡Ah! Ya entiendo… entonces el quiere que
vayamos en familia para que los socios vean que tu empresa
también es familiar.
¡Así es!... de eso mismo se trata.
Pues entonces solo tienes que decirme cuando
comienzo a empacar.
Bueno, pues salimos el viernes por la tarde.
Entonces le voy a avisarle a mamá para ver si
nos cuida a los niños… ¿Por qué imagino que ellos no van?
Si, claro… solo las esposas.
Bueno entonces voy a hablarle luego.
Bien mi amor, te dejo pues tengo algo de
trabajo.
Bien… ¡Adiós!
Después de colgar marque a casa de mi madre para
pedirle de favor que cuidara a los niños, ella con todo gusto aceptó
la petición y entonces quedamos que pasaríamos a dejárselos el
viernes por la mañana.
La semana fue pasando y el jueves por la tarde
comencé a preparar las maletas que llevaríamos al viaje, Luis me
había explicado que no nos hospedaríamos en un hotel sino en la
propiedad de los socios de su empresa, a parte de nosotros iban
otras dos parejas de altos ejecutivos y el jefe de todos ellos
igualmente con su esposa.
El viernes temprano pase de dejar a los chicos
con su abuela, estaban felices pues ese día no habían ido a la
escuela, después de platicar un rato con mamá regresé a casa pues la
salida del avión sería como a eso de las cuatro de la tarde. Luis
llegó como a eso de las dos e inmediatamente salimos rumbo al puerto
aéreo, cuando llegamos nos encontramos con una de las parejas que ya
había llegado, Luis me presentó con su amigo llamado Abel y este me
presentó a su esposa y mientras que ellos comenzaron a platicar de
sus negocios yo y Natalia comenzamos a platicar para conocernos
mejor.
Pocos minutos después llegaba otra de las parejas
y casi detrás de ellos otra más y como ya casi se llegaba la hora de
la salida no tuvimos mucho tiempo para conversar. Anunciaron nuestro
vuelo y tomando las maletas nos comenzamos a formar en la ya larga
fila que se estaba formando, fuimos avanzando hasta que entregamos
nuestros pases de abordar y desafortunadamente nos tocó a todos en
filas diferentes y algo separadas, así que durante el vuelo no
tuvimos mucha oportunidad de continuar con nuestras conversaciones.
En su defecto Luis me fue diciendo el nombre de sus amigos y de su
jefe pero no conocía del de sus esposas.
Tres horas de vuelo y por fin llegábamos a la
península, fuimos bajando y reuniéndonos en la sala de espera en
donde ya nos estaban esperando para transportarnos hasta nuestro
sitió de destino final. Ya en la camioneta todas las mujeres nos
sentamos juntas y dejamos que los señores continuaran con sus
platicas de negocios.
El lugar a donde nos transportaron era en verdad
un hermoso paraíso en miniatura, la casa se encontraba cercada
completamente y a decir verdad la extensión de terreno que abarcaba
la propiedad era sorprendente. Desde la entrada hasta la casa la
camioneta tardó casi cinco minutos. La casa en color blanco y tejas
de color rojo como techo a dos aguas era hermosa, de dos plantas y
con hermosos jardines circundándola. Nos recibió un hombre alto como
de unos cincuenta y tantos años con su esposa, se veían algo
conservados para su edad tal vez algunas cirugías. Nos condujeron a
nuestras habitaciones indicándonos que nos esperarían en la alberca
después de que nos cambiáramos de ropas.
Sobre la cama se encontraban varias prendas y
pude ver un muy bonito bikini en color azul justo de mi medida,
también había un traje de baño para mi marido, me desnudé y después
de que juntos nos dimos un baño me probé el bikini, ajustaba a la
perfección y mi cuerpo se veía fantástico.
Después de bajar a la alberca todo comenzó a
suceder con más calma. Pude entonces conocer a nuestros compañeros
de viaje. Maria y Andrés el jefe de contabilidad, Shaila y Pablo el
jefe de servicios, Natalia con la que ya había platicado y su esposo
Sergio jefe de sistemas. Por último Marge y Adalberto el gerente
general. Y bueno el nombre de mi marido ya lo conocen y ahora me
presento yo, mi nombre es Liliana, tengo 32 años y soy de complexión
delgada aunque Jorge Luis me dice "gorda" de cariño, mi estatura es
de 1.70 y tengo unos senos generosos y afortunadamente aun firmes,
mis caderas son no muy grandes pero con una bella forma de gotita y
no son pocos los hombres que voltean a verme en la calle cuando ando
en pantalón de mezclilla. Mi cabello es oscuro y me llega solo hasta
la nunca, digamos que un corte de hongo, mis ojos son oscuros y por
lo que he escuchado de los demás mi cara es bella sin llegar a ser
por supuesto una miss universo. Mi marido mide 1.75 y cuando uso
tacones a veces lo paso, es fornido y de cabello y ojos claros, su
cara es agradable y siempre es muy lindo en todo, complaciente y
como ya les conté muy caliente.
Pues para no hacerles la historia cansada con las
presentaciones y pláticas que sostuvimos les voy a decir que desde
que me presenté noté que uno de los amigos de Luis me veía muy
morbosamente, este era Andrés, el de contabilidad; debo de confesar
que él no es nada feo y que me halagó un poco la forma en que me
veía aunque por supuesto yo me hice la que no me daba cuenta. Andrés
tiene más o menos la altura de mi marido, su cuerpo se ve musculoso
y bien marcado, cabello oscuro y ojos verdes, su barba cerrada pero
no crecida y cabello bien recortado. Su esposa no es tampoco nada
fea pero pues en ella ni me fije.
Fue en una de las idas al tocador cuando me topé
con Andrés en la entrada y casi tropezamos el uno con el otro. Mis
manos se apoyaron en su pecho y pude comprobar lo firme que se
encontraba, de inmediato sentí que una corriente de calor corría por
mi espina dorsal y me llegaba hasta la panocha. Torpe y
nerviosamente me disculpé y el aprovechó para iniciar una corta
conversación durante la cual me dijo lo mucho que le había
impresionado una mujer tan bella como yo. Y debo decir que no me
atreví a decirle lo mucho que el me había impresionado aunque con
una coqueta mirada se lo di a entender y el lo capto perfectamente.
Luego nos despedimos sin decir palabra y yo regresé hasta el sitio
en donde se encontraban los demás.
Las copas se subieron poco a poco y yo ya me
sentía un poco mareada, me levanté otra vez para ir al baño y pude
apreciar como Andrés discretamente también se ponía de pie al ver
que yo entraba en la casa, caminé más despacio hasta el baño y
pronto él me alcanzaba.
¿Cómo te la estas pasando? – preguntó.
¡Muy bien! ¿Y tú?
¡Maravillosamente aunque siento que me falta
algo!… ¡O alguien!
¿No me digas? ¿Quién será? – dije acercándome
más a él.
¿Lo puedes adivinar?
Andrés atrevidamente se acercó hasta quedar muy
cerca de mí pero sin tocarme, yo jugué con mis dedos sobre su pecho
y con total descaro le dije:
¡Nos pueden ver!
No, si nos cuidamos bien. – contestó
dibujando una sonrisa hermosa.
¿Y tú esposa?
¡No me va a extrañar si no me tardo!
¡Huy!... ¡Pues así no sabe! – dije y pegué mi
pecho contra el suyo.
Podemos intentar más tarde.
Una de las manos de Andrés me tomó por la cintura
acariciándome y sentí que mi piel se erizaba completamente a la vez
que fuertes latidos me aceleraban la respiración.
¿Es una proposición?
A ti no te lo ocultaría… ¡Me tienes
encantado!
Entonces sí es una proposición.
¡Claro!
¿Y si digo que no?
Me harías el hombre más triste.
Lo pensaré…
¿Como voy a saber tu decisión?
La sabrás.
Con delicadeza me levanté de puntitas y le
planté un muy delicado beso con mis labios sobre los suyos, su
mano bajó un poco acariciando la parte alta de mi nalga y luego
caminé despacio hasta entrar en el curto de baño.
¡Lo tomaré como un sí! – dijo él antes de que
yo cerrara la puerta.
Ten paciencia. – dije lanzándole un beso con
la mano.
Ya dentro del baño me senté a orinar y allí me
comencé a tocar suavemente el clítoris con dos de mis dedos. Mis
vellos hacían un leve ruido a cada frotada que me daba, me recargué
contra la caja de la taza y abrí un poco más mis piernas. Un
delicioso orgasmo no tardó en apaciguar las locas sensaciones que me
estaban quemando. Me lavé y después de secarme volví hasta donde se
encontraban los demás, ya estaba ahí Andrés como si nada hubiera
pasado.
Luego de varios minutos mi marido se levantó con
rumbo al baño y yo me fui detrás de el pues también tenía ganas
nuevamente de orinar, nos metimos en el mismo baño y mientras que
hacíamos nuestras necesidades comencé a hacerle varias preguntas.
¿Cómo te llevas con tus amigos?
¡Pues bien, supongo!
¿Con todos?
Con unos más que con otros… como en todo.
¿Y como te llevas con el jefe de
contabilidad?
¿Te gustó?... Dime la verdad.
Bueno… pues tal vez un poco.
¿Te gustaría…?
Pues a lo mejor sí… pero… pero déjalo de mi
cuenta.
Hay mi amor ya me pusiste caliente mírame. –
dijo mostrándome su erección.
No estoy muy segura – dije y él me miró con
cara de espanto – tal vez me de miedo a la hora de la verdad.
Si ya no puedes continuar nos paramos… ¡De
verdad!... Pero veras que te gusta.
Pues entonces déjame trabajarlo a mí.
Mi marido acepto de buena gana pero a partir de
esos momentos no me quitaba la vista de encima lo que hacía que me
pusiera un poco más excitada ante la loca situación que se estaba
presentando. Dejé pasar cerca de cuarenta minutos y me volví a
levantar de mi asiento en dirección al baño, esta vez hice que mi
pierna rozara a propósito la mano de Andrés y poco después de que yo
entré en la casa el se ponía de pie, afortunadamente su mujer estaba
en alegre plática con otra de las chicas y no se percató de la
ausencia de su marido.
Cuando Andrés llegó hasta donde yo me encontraba
no podía evitar ocultar la potente erección que se le formaba bajo
el traje de baño. Lo miré de arriba para abajo deteniéndome en su
entrepierna por unos segundos.
¡No lo puedes ocultar! ¿Verdad? – dije con mi
vista en su paquete.
¡Tú me lo pones así!
Lo he pensado bien.
¿Y que haz decidido?
¿Qué harías si mi marido lo supiera?
Es mi amigo… me sentiría muy mal.
¿Y si el lo supiera pero me diera permiso?
¡No entiendo!
Sí que dirías si el lo supiera pero no dijera
nada.
¡Pues eso me sorprendería mucho!
¿Te gustaría hacer un trío? – solté a
quemarropa.
¿Un trío?... ¿Ósea con tu marido?... ¿Pues no
sé?
¿Te gustaría o no?
Andrés se quedó pensándolo por un par de minutos
y comencé a notar que se estaba echando para atrás posiblemente
pensando en que le quería tender una trampa o hacer una broma y para
que no perdiera su fuerza de decisión me acerqué más él y puse mi
mano sobre su paquete.
¡Por lo visto la idea no te desagrada del
todo!
Bueno… es que es algo que no había pensado.
Pues decídete porque el tiempo se nos acaba.
¡Sí!... acepto… Un trío… ¿Cuáles son las
reglas?
No hay reglas, solo que esta noche vayas a
nuestra habitación.
¿No hay trampa?... Quiero decir que si tú no…
No te preocupes… Pero tienes que ser muy
discreto.
Eso no me lo tienes que decir… pero mi
esposa.
Ese es tu problema…
¡Está bien! Ahí estaré esta noche.
Andrés se dio la vuelta para retirarse pero antes
de que pudiera dar tres pasos le llamé y tomándolo por la mano me lo
llevé hasta el baño, cerré con seguro y colgándome de su cuello le
ofrecí mis labios. El me besó ardientemente y sus manos al instante
estaban en mis nalgas amasándolas suavemente sobre la tela del
bikini, yo bajé una de mis manos hasta su entrepierna y sobé la dura
tranca que se sentía muy larga y ancha. Me separé del hombre y le
bajé su traje de baño, una densa mata de vello quedó descubierto y
pronto su verga saltó, comencé a masturbarlo con mi mano rápidamente
y el se tuvo que recargar contra el lavamanos; mi mano se movía
rápidamente envolviendo ese caliente tronco y un poco después el me
avisaba que se venía, me hice a un lado mientras que el magreaba mis
pechos. Un potente disparo de leche salió y a este le siguieron
otros más, Andrés gimió levemente cerrando sus ojos – Qué ardiente
eres, que rico. – yo continúe moviendo la mano hasta que por fin la
dureza de la macana se fue perdiendo. Me lavé las manos y salí del
baño dejando al amigo de mi marido pensativo y satisfecho.
Las cosas desde ese momento corrieron lentamente
pues las ansias de los tres así lo hacían, Andrés miraba de pronto a
mi marido y rápidamente apartaba la mirada de él. Jorge Luis
disimulaba muy bien que nada sabía y se hacía el tonto dejando
todavía más perplejo a su amigo.
Era la una de la madrugada cuando la reunión
termino y todas las parejas fuimos subiendo a nuestras habitaciones,
Andrés tomó a María de la mano y subieron las escaleras, Jorge y yo
veníamos justo detrás de ellos, aproveché para mirar bien a María y
pude comprobar que no era nada fea. Largas piernas bien formadas,
piel blanca, cabello lacio y castaño claro, unas nalgas firmes y
paraditas, sus senos no muy grandes pero eso sí muy firmes y una
cara muy bonita… Me puse a pensar en muchas cosas mientras
llegábamos a nuestra habitación, pensaba en que si Andrés acudía le
sería infiel a esa hermosa mujer y aunque debo decir que yo modestia
aparte soy un poco más atractiva que ella pues me preguntaba por que
los hombres son así. Pero como por ahí dicen la carne es débil y yo
ya estaba involucrada en esa infidelidad y aunque nerviosa estaba
ansiosa por continuar.
Me seguía preguntando se Andrés acudiría a
nuestra habitación y que excusa le daría a su mujer para poder
escaparse de su habitación, así después de que entramos en la
habitación nos metimos a la regadera en silencio absortos cada uno
en sus pensamientos. Al salir de la regadera me perfume y Jorge se
quedó desnudo sobre la cama, se le notaba una leve erección, me
imaginó que pensando en lo que podría pasar. Me puse un juego de
lencería negra de encaje y sobre el cuerpo una bata abierta de seda,
de las que se amarran por el frente con un cinturón del mismo
material. Me recosté al lado de mi marido.
¿¡Nerviosa!?
Sí… mucho.
Nos quedamos callados y yo me comenzaba a quedar
medio dormida cuando unos leves toquidos en la puerta hicieron que
mis latidos se elevaran hasta el cielo. Mi marido se levantó y sin
preguntar abrió la puerta, Andrés estaba ahí parado. Jorge se hizo a
un lado y su amigo sin decir palabra entró en la habitación. Todo
estaba dicho. Jorge cerró detrás y yo levantándome me acerqué a
Andrés tomé su mano y lo besé, fue un beso tierno, solo sobre los
labios. Lo jalé hasta la orilla de la cama pero continuamos de pie,
lo volví a besar pero esta vez mi lengua penetro en su boca, me
respondió en el acto y sus manos se posaron en mi cintura sobre la
seda de la bata. Él traía puesta una camiseta blanca de algodón y
unas bermudas color caqui también se había bañado y olía muy bien,
nuestro beso se prolongó por un par de minutos y sentí luego que mi
marido se acercaba por mi espalda, me acarició el cabello y me besó
la nuca. Pude sentir como me apoyaba su dura verga entra las nalgas
y sus manos se posaban en mis hombros.
Andrés entre tanto puso sus manos sobre mis
pechos, me los acarició delicadamente y siguió besándome en los
labios. Bajé mi mano para acariciar la entrepierna de Andrés que ya
tenía también completamente dura la tranca y se la sobé sobre la
tela de sus bermudas, se la froté por un par de minutos y poco
después comencé a buscar el botón de la prenda para desabrocharlo.
Mi marido continuaba besándome la nuca y parte de los hombros que ya
había desnudado jalando un poco la bata. Las bermudas de Andrés
cayeron al suelo y él solo tuvo que levantar los pies para que la
prenda saliera completamente, traía calzoncillos y sin más bajé la
parte frontal para dejar escapar la dura herramienta, nuevamente la
froté con las manos pero ahora lentamente, reconociendo cada
protuberancia del tronco y el glande púrpura e hinchado.
Jorge me presionó un poco los hombros e
inmediatamente supe que era lo que deseaba, jalé para arriba la
playera de Andrés y se la saqué por la cabeza, su torso desnudo
quedó a la vista y comencé a besar sus tetillas, el me sujetó por la
cabeza dulcemente y me dejó continuar, fui lentamente bajando por su
pecho, su estómago y finamente llegué a la densa mata de vello
oscuro. Mi barbilla chocó con la dura longitud de su miembro y mis
labios lo buscaron. Lo comencé besando en toda su longitud y
dirigiéndome hasta el glande y cuando por fin llegue hasta el
extremo abrí ansiosa los labios y lo comencé a introducir lentamente
en mi boca, con la lengua acaricié su base y con la parte interna de
mis labios lo apretaba, su sabor me llenó el paladar y comencé
entonces a sacarlo y meterlo una y otra vez procurando ensalivarlo
muy bien. Jalé con mis manos los calzoncillos hasta dejarlos en sus
rodillas y regresé mis manos a las nalgas de Andrés mientras que mi
cabeza se movía de atrás para adelante una ya otra vez. Jorge se
colocó a un lado de su amigo y al notarlo me volví hacia él, su daga
me apuntaba y sin más pasé de la de Andrés a la suya, era un poco
más larga que la de su amigo pero no tan gruesa y además esa ya la
conocía muy bien. Lo mamé como a él le gusta y luego de unos minutos
comencé a alternar una y otra verga hasta que tomándolas con las
manos logre que estuvieran muy juntas y chupé al mismo tiempo el
glande de las dos.
Jorge me pidió que me levantara y me besó en la
boca y luego cedió el turno a su amigo terminando de besarlos me
separé de ambos un par de metros y sensualmente comencé a quitarme
la bata, quedé solamente con la lencería y los dos hombres más
animados se colocaron a mis costados, cada quién se encargó de
acariciar una parte de mi cuerpo. Andrés me sobaba las tetas y mi
marido hincándose se dedicó a mis nalgas y vagina, lo hacían sobre
la lencería como no queriendo descubrir más, me besaban y
acariciaban los pechos, el vientre, la espalda, las piernas, cada
uno por su lado. El primero en romper esa rutina fue Andrés que se
colocó detrás de mí y zafó el broche del sostén, lo dejé que me lo
fuera quitando y descubriendo mis senos, se puso frente a mí y jaló
la prenda para por fin ver mis senos hinchados y con sus pezones
sumamente endurecidos. Sus dedos se apoderaron de mis largos pezones
pellizcándolos delicadamente y luego de jugar con estos se dedico a
amasar mis senos completos. Se agachó y tomó con su boca mi pezón
izquierdo, lo chupó dulcemente una y otra vez enredando su lengua y
apretando con sus labios. Yo echaba hacia atrás la cabeza
disfrutando de las caricias de los dos hombres.
Mi marido rompió el encanto de ese momento y con
delicadeza me tendió sobre la cama, jaló mis bragas y dejó al
descubierto mi bello triangulito de vello, se hincó frente a mí
abriéndome las piernas su cara se enterró entre mis muslos y su boca
comenzó a chupar mis labios vaginales. Andrés se dedicó a seguir
sobre mis senos y de vez en cuando me regalaba un prolongado beso en
los labios. Mi marido con sus manos levantó mis piernas y entonces
quedó expuesto mi culo, el comenzó entonces a saborear mi ano, su
lengua se metía en el arrugado agujerito lo más profundamente que
podía agregando al poco tiempo un dedo que se enterró profundamente
haciéndome soltar un leve gemido de satisfacción. Andrés se montó
entonces sobre mi pecho pero sin sentarse y mientras que me
estrujaba las tetas con las manos su verga se tendía sobre mi cara,
la tomé con mi mano derecha y la bajé un poco para meterla en mi
boca y deleitarme con ese rico bocadillo mientras que mi agujero
trasero era dilatado.
Jorge alternaba mi ano y mi panocha con su boca
regalándome en pocos minutos un delicioso orgasmo que se bebió
completamente y yo solo me sacaba de la boca la verga de Andrés para
soltar algunos gemidos. Jorge entonces le pidió a su amigo un cambio
de posición y los papeles se invirtieron. La boca de Andrés
tímidamente comenzó con la rajada dándome deliciosas lengüeteadas
sobre el clítoris e introduciéndose en mi agujero, pero yo con las
manos abrí mis nalgas indicándole que también tenía que jugar con mi
agujero trasero. No hubo que repetir la indicación pues de inmediato
sentí como la lengua salió de mi panocha y recorrió el corto camino
hasta el culo. Andrés pudo darse cuenta de que ya tenía un poco
abierto mi ano y entonces me metió su dedo medio, me cogió
lentamente con él ensalivando de vez en cuando el camino. Jorge me
ofreció su verga y gustosamente se la estaba mamando, procuraba
metérmela completa en la boca y al sacarla irla acariciando con mi
lengua y labios. Sentí como Andrés añadió otro dedo más al anterior
y continuaba meneándolos dedicándose ahora a mi vagina con su boca.
No lo pude contener más tiempo y le réglale un segundo orgasmo, mis
líquidos comenzaron a escurrir por las paredes de mi gruta e
inmediatamente la lengua recogió cada una de las gotas que se le
otorgaban.
Jorge se separó de mí y se sentó en uno de los
extremos de la cama, le dio una palmadita a Andrés en el hombro y
este se levantó. Yo me recosté justamente al centro de la cama king
size e inmediatamente Andrés se acomodó entre mis piernas que yo
abrí de par en par dejándolas semi-flexionadas. Su cuerpo se fue
recargando contra el mío y pude sentir como su verga se balanceaba
entre mis piernas tocando delicadamente mis labios. Me besó y
moviendo sus caderas acomodó a tranca en mi entrada, mis labios
atraparon el glande y éste poco a poco comenzó a penetrarme. Me
abracé de él y moví mis caderas para que la penetración fuera un
poco más profunda y rápida, las bolas de Andrés chocaron contra mis
nalgas por fin. – Qué verga tan deliciosa, me sentía llena.
Lentamente comenzó a moverse de arriba para abajo y la verga inició
sus movimientos en mi interior.
Jorge a un lado de nosotros sin perder detalle se
masturbaba lentamente. Los movimientos de Andrés eran lentos y
profundos dejándome disfrutar de la totalidad de su verga y lo que
me encantaba era el grosor de su instrumento, no dejábamos de
besarnos y ya mis manos se encontraban masajeando sus nalgas y
guiando los movimientos de entrada y salida a mi gusto. Procuraba
apretar mi esfínter para que el pudiera sentir mi anillo apretarlo y
así disfrutar ambos lo más que se pudiera. El amigo de mi marido
siguió moviéndose sin parar hasta regalarme el tercer orgasmo de esa
velada, fue delicioso y largo y aún me satisfizo más cuando comencé
a sentir como la leche caliente de Andrés me llenaba completamente
el interior. Nuestros gemidos se confundían y mi marido seguía
viendo sin siquiera parpadear mientras su mano se movía lentamente
sobre su largo tronco cabezón.
Andrés y yo un poco más desahogados reposamos un
par de minutos él encima de mí y sin sacar su verga que comenzó a
perder su dureza, por fin se levantó y mi marido me pidió que me
empinara, me puse a cuatro patas en el lugar que me encontraba
dejando mi culo a disposición de mi marido, el se agachó detrás de
mi y me dio una ultima mamada de ano, me lo chupó hasta dejarlo
completamente empapado por su saliva. Se hincó detrás de mí y apuntó
ese grueso glande contra mi agujerito. El ano se fue abriendo
lentamente al paso de su Glande y yo sentía la deliciosa invasión
paso a paso. Andrés se acomodó para poder ver como la verga de mi
marido me partía el culo y yo estiré una de mis manos sujetando su
flácida y húmeda verga, lentamente lo masturbe y mientras que mi
marido me cogía fui notando como su instrumento se iba levantando
nuevamente. Lo llamé para que se sentara frente a mí y así poder
chuparle la tranca, inmediatamente estaba frente a mi cara
ofreciéndome esa deliciosa verga. Mi boca se abrió y sentí mi propio
sabor impregnado en su piel, ya la verga de jorge me entraba
completa en el ano y él sujetándome por los costados de las caderas
se movía frenéticamente. Jorge Luis se detuvo antes de eyacular y se
quedó completamente en mi interior dejándome disfrutar de su larga
daga en mi interior. Apreté una y otra vez mi ano estrujando su
garrote.
Ya Andrés estaba de nuevo listo para el siguiente
combate y mi marido nos pidió despejar el área, él se recostó boca
arriba en la cama y me pidió montarme sobre el, lo hice de frente a
él y tomando con mi mano la verga me la clavé en la vagina, luego me
dejé caer hacia el frente ofreciéndole a Andrés mi culo. Andrés
entonces se acomodó detrás de mí y me comenzó a penetrar por el ano,
no voy a negar que lo grueso de su verga logró que me doliera un
poco pero no cómo para pedirle que me la sacara. Esperamos hasta que
por fin quedé empalada por los dos agujeros y ellos lentamente
comenzaron a moverse. No puedo expresar con palabras la sensación de
esos dos penes dentro de mí, es delicioso y ellos lo estaban
disfrutando sin duda ya que al estar así mi ano y mi vagina
apretaban sus esfínteres con gran fuerza. Las dos vergas además se
frotaban a través de la delgada capa que los separaba y mis jugos no
paraban de salir escurriendo por mis muslos. Besaba a mi marido y
luego giraba la cabeza lo más que podía para recibir la lengua y los
labios de Andrés.
Mi primer orgasmo doblemente penetrada fue
intenso y plenamente satisfactorio, gemí con intensidad y mi cuerpo
se convulsionaba, toda mi piel estaba erizada. Los hedores de
nuestros cuerpos se mezclaban en el ambiente haciendo todavía mucho
más excitante cada segundo, los chasquidos y chapuceros no paraban
de escucharse y no se digan nuestras quejas y gemidos. El sudor
lubricaba nuestros cuerpos haciendo las fricciones más suaves y
deliciosas, mis tetas estaban en manos de no sé quien y todas las
sensaciones se me comenzaban a acumular en un frenesí sin fin.
Lo primero que sentí fue como mi marido explotaba
en mi interior, su leche salió tan abundantemente que se comenzó a
escapar con cada embestida nueva, escurrió por mis muslos y de allí
a los de mi marido. Solo unas décimas de segundo después yo me
comenzaba a venir, gemí con intensidad y apreté lo agujeros con
fuerza. Andrés soltó su carga justo en esos momentos, me llenó el
culo con su caliente esperma y siguió moviéndose sin parar, todos
así lo hicimos, las sensaciones eran tan intensas que estallamos en
risa hasta que no pudimos más y nos quedamos inmóviles, sudorosos y
plenamente satisfechos.
Luego de un rato Andrés se metió al baño para
medio asearse y poco después se despedía, me levanté y lo besé en
los labios intensamente pegándole mi cuerpo desnudo y restregando
mis senos contra su pecho, lo ayudé a vestirse mientras que mi
marido iba al baño luego de que salió Jorge Luis ya Andrés estaba
vestido. Cortésmente mi marido llevó a su amigo hasta la puerta y
cerró cuando el salió.
¿Te gustó?... A mí me encantó… que caliente
estuviste. – dijo mi marido.
¡Me fascinó mi vida! – dije depositando un
beso en sus labios.
¡Lo podríamos repetir otro día!
Eso ya lo veremos después… ¡Buenas noches mi
vida!
Cerré los ojos y me quedé profundamente dormida,
al otro día los hombres se quedaron solos en casa viendo sus
negocios mientras que a las mujeres nos llevaron a un tour por
Xcaret. La verdad es que me sentí culpable pues mi compañera de
viaje fue María. Me enteré de muchas cosas sobre su matrimonio y de
algunas que le gustaban a ella, afortunadamente dejé que el
remordimiento pasara pues a decir verdad lo disfruté demasiado y no
dejaría que eso se perdiera por una sensación de culpa. María me
cayó muy bien y quedamos de ir a comer o irnos de compras algún día
allá en nuestra ciudad, y voy a confesarles que lo hice porque ella
me llamó la atención como mujer, nunca he tenido una experiencia con
una mujer y si tuviera una me gustaría que fuera ella mi compañera,
no sé si lo llegue a realizar pero por lo pronto mis planes no la
incluyen próximamente tengo otras cosas que hacer. Quién sabe tal
vez pensándolo bien y manejando las cosas bien pueda disfrutar de
ese delicioso cuerpo de mujer.
Durante la madrugada mientras Andrés se desnudaba
ya en su cuarto notó en sus bermudas un papel, lo miró y leyó lo que
contenía:
Llámame cuando estemos en nuestra ciudad,
merecemos encontrarnos a solas.
Liliana.
El número de celular lo escribí en la parte
trasera. Por supuesto que Andrés pensaba en volverme a llamar pues
le había encantado el trío aunque por supuesto no es lo mismo estar
solos que compartiendo. Justo estoy terminando de escribir esta
historia y acabo de recibir la llamada de Andrés. Voy hoy a comenzar
una nueva aventura después de acabar de escribir la otra. Un beso.
Liliana.